El disenso

“¿Porque no podemos exponernos al roce entre mi pito y tu cuerpo?” Los textos completos del marido de la diputada Donda para su hija de 9 años

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en Política

En febrero de 2011, Pablo Marchetti, el marido de la diputada Victoria Donda, publicó unos textos en los que detalla el amor que siente por su hija Lina de tan solo 9 años. Si bien la reciente difusión del escrito generó un inmediato repudio, hasta el momento, la diputada que votó en contra de la prisión efectiva para violadores no se refirió al respecto.

La pedofilia es la atracción o fantasías sexuales de un adulto para con niños. En el caso de los textos escritos por Marchetti, el autor revela excitarse al abrazar y besar a su hija, para luego explicar que se trata de “un sentimiento incómodo, un deseo incómodo, la búsqueda de un placer muy pero muy incómodo“. El autor recuerda el “dolor” que le causo el hecho de tener que dejar de bañarse desnudo con su hija, preguntando ¿”Porque no podemos exponernos al roce entre mi pito y tu cuerpo”? asegurando que su mujer “sabía entender el placer que encontraba en aquel contacto“. El texto cierra reconociendo la “explosión hormonal” que siente por ella “cada vez que rozo su piel” y su deseo de que cuando Lina lea sus escritos, ella ya sea madre de una niño, ya que la imagina “con una sonrisa, jugando con el pito de su nene de tres años, manoseándolo“.

En agosto de 2016, en una charla de periodismo de TEA conducida por Ingrid Beck, Gustavo Cordera dijo “Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas, porque psicológicamente lo necesitan y porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente. Quieren jugar a eso. A mí no me gusta jugar a eso, pero hay gente a los que sí. Somos muy complejos los seres humanos“. Esa frase le costó al músico un juicio oral por incitación a la violencia. Llamativamente, el mismo texto de Marchetti sobre su hija Lina, menciona a “su amiga Ingrid Beck“, quien desde 2011 a la fecha no ha repudiado los dichos del marido de la diputada Donda.

¿Será que Marchetti tiene protección política o que hay algo de cierto en la tesis que vincula a la agenda de género con la legalización de la pedofilia?

A continuación, una copia completa de los textos publicados por Marchetti:

INCESTO SENTIDO

Noche de verano, hace calor, mucho calor. Lina duerme tirada boca abajo en su cama. Tiene puesto un shorcito del pijama, rosa y con agujeritos, y una musculosa blanca con un estampado de flores. Su cuerpecito, tan frágil como fibroso, se retuerce con una sensualidad y una inocencia tan delicadamente brutales que me dan ganas de acariciarla y besarla por todos lados: los brazos, las piernas, la espalda, la cara…

Acaricio y beso a Lina todo lo que puedo, todo el tiempo que me es posible. Disfruto mucho de su piel suave y fresca, de sus brazos levemente velludos, de sus piernas aún sin depilar y con pelitos tiernos, de su carita de mejillas redondas y naricita pompón como la mía. Nos encanta rozarnos las narices y, cada tanto, nos besamos en la boca, muy delicadamente, como al pasar. Hay un jueguito casi histérico en el asunto: nos apretamos fuerte nariz contra nariz y es en ese momento cuando nuestros labios casi se rozan. Pero enseguida, cuando parece que sí, el beso se traslada a la mejilla.

Decía que acaricio y beso a Lina todo lo que puedo. En realidad, acaricio y beso (y abrazo, y me excito, y muero de amor) todo lo que ella me deja, pero también todo lo que yo creo que es conveniente. Porque aquí hay que poner límites. No se trata sólo de pensamientos incómodos: acá lo que hay es un sentimiento incómodo, un deseo incómodo, la búsqueda de un placer muy pero muy incómodo. No es cuestión de andar creándole a Lina un trauma con mis ganas de acariciarla, de abrazarla, de besarla. Primero, porque Lina tiene nueve años. Y segundo, porque Lina es mi hija.

Pensamientos comodísimos

Me cuesta encontrar un pensamiento que me resulte incómodo. En realidad, me siento muy cómodo en cualquier lugar del pensamiento. Y me hago recontra cargo: si me gusta Raphael, me gusta y punto. Eso no es bizarro. Eso es arte. Creo que el tipo es un artista, un gran artista. Y no sólo lo comprendo sino que, sobre todo, lo disfruto. No se trata de un gusto kitsch. Es parte de lo que conforma mi paladar estético, mi universo artístico y espiritual. Eso no significa que me pueda gustar, al mismo tiempo, Ornette Coleman. Cada cosa tiene su lugar y su momento.

Eso tampoco significa que me vaya a gustar toda la canción popular pedorra, ni todo el free jazz. Aunque, en tren de confesiones, la canción popular pedorra ocupa un lugar de privilegio entre mis preferencias. De modo que nada de vueltas, nada de burla, nada de nada: me gusta, lo disfruto y que la sigan chupando. ¿Por qué habría de sentir vergüenza o encasillar como “incómodo” un gusto que está relacionado directamente con el goce y nada más que con el goce?

Claro que el admirar una obra de arte –por más condena intelectual que merezca, por más cartel de “grasa” que lleve colgada– siempre es más sencillo que digerir ciertos conflictos sociales, étnicos o de clase. No es lo mismo decir “me gusta Raphael” (o Palito Ortega, o Leo Dan, o el Puma José Luis Rodríguez) que “cagaría a trompadas a más de un limpiavidrios de los que vienen a acosarme en los semáforos cuando voy en el auto”. Sin embargo, vaya otra confesión: eso tampoco me genera conflicto. O sea, si pienso eso (y a veces lo pienso), lo pienso y ya. No me incomoda.

Lo mismo si miro en la calle a una cartonera que se agacha y se ve que tiene una tanguita roja y muestra todo un culo magnífico. ¿Qué voy a hacer? ¿Dejar de mirarla? No, ni en pedo. Es más, escribí una canción sobre eso.

Ese tipo de paradojas forman parte de mi imaginario artístico-comunicacional. Si no existieran esa clase de situaciones que generan pensamientos supuestamente incómodos (ganas de mandar a la puta que lo parió a un trapito que te cuida el auto, culpa al sacar la basura cuando pasa un cartonero, temor al ver que se nos acerca un muchacho de tez trigueña para pedirnos plata) debería dedicarme a otra cosa y escribir sobre los pajaritos, sobre un paisaje bucólico o sobre conflictos de pareja.

No quiero con esto agradecer a la injusticia en este mundo ni a la existencia del poder como herramienta de dominación por darme permanentemente la materia prima con los que armo mis relatos (o, mejor dicho, mi relato). Pero así están las cosas: mientras sean el poder y la explotación humana quienes rijan los destinos de la humanidad, mis obsesiones periodístico-poéticas estarán puestas en esa dirección. Cuando todo esto cambie, veremos.

Así que pensamientos incómodos, un cuerno. No, el pensamiento me produce comodidad. No relax, claro, sino el placer de la adrenalina. Ni siquiera repetir cada tanto “hay que matarlos a todos”, como un oyente sacado de Radio 10, me hace poner colorado. Todos, alguna vez en la vida, creímos en la solución final de algo. Y yo, íntimamente, sé que eso es lo que creo cuando se trata de buscarle una salida a los negocios turbios de las fuerzas de seguridad. “Hay que matarlos a todos”, es mi solución final para la policía, citando a mi amiga Ingrid Beck. Y me hago cargo.

La incomodidad, pues, no está en el pensamiento: está en el cuerpo. En lo que siente a veces el cuerpo. Y con eso sí que no se jode.

Limpieza ética

“Lina, no te podés bañar más con papito”. Me acuerdo cuánto me dolió tener que decirle eso a mi hija. Lina tenía cinco años y no me gustó nada tener que hacerle esa propuesta. ¡Si la pasábamos tan bien los dos en la bañera llena! Pero bueno, qué se le iba a hacer, ya estaba, no daba para más. Recuerdo que se lo comenté a un par de amigas y me dijeron que era una bestia, que no podía seguir metiéndome en la bañera con mi hija, los dos en bolas, cuerpos desnudos y mojados rozándose, que era una barbaridad. Con mi mujer fue distinto: a ella le parecía que la cosa no estaba del todo bien, pero sabía entender el placer que encontraba yo en aquel contacto.

Lo peor de todo fue la opinión de Lina, que se opuso a mi propuesta. “¿Por qué?”, me preguntó con una carita que me hizo morir de amor, y no supe que decirle. ¿Qué le iba a decir? ¿”Porque ya estás grande para que nos metamos los dos en la bañera, en pelotas”? ¿”Porque no podemos exponernos al roce entre mi pito y tu cuerpo”? No respondí o no me acuerdo bien qué respondí, que para el caso es lo mismo.

Al poco tiempo no reclamó más y yo me di cuenta de que había hecho lo correcto. Que lo mejor que me podía pasar en esos casos era anticiparme. Fue lindo mientras duró, pero ya estaba. Ella lo entendió así y, por suerte, yo no sólo también lo entendí así, sino que lo entendí antes. Estaba en lo correcto cuando pensé que aquel era un sentimiento incorrecto. Nótese la diferencia: lo que era incorrecto era el sentimiento; en cambio el pensamiento no sólo fue correcto, sino que además sirvió para poner las cosas en su lugar.

La mujer de mi vida

No tengo dudas: lo que siento por mi hija es el amor más profundo que haya sentido alguna vez por alguna persona. Y cuando hablo de amor hablo de amor, de todo lo que el amor debe tener para ser considerado amor. O sea, amo a mi hijo, amo a mi padre, amo a mi hermano, sí… pero no. Amor es otra cosa. El amor incluye necesariamente el deseo físico, la pasión a flor de piel, eso que oscila entre la cursilería y el morbo, pero que los incluye a ambos. “Flor de piel”, sí: ¿hay algo más cursi que eso? Bueno, sí, hablar de “amor”.

El amor es la apoteosis de lo cursi y también la apoteosis de la exploración del deseo como síntesis entre cuerpo y espíritu, carne y sentir, realidad y deseo. Amo, pues a mi hija, porque me une a ella un vínculo espiritual superior y también un deseo sexual que me lleva a lo desconocido: lo platónico como único escenario posible para la consumación del placer.

Me incomoda hablar de esto porque me incomoda sentir esto. No soy Humbert-Humbert ni soñé ni fantaseé jamás con una Lolita. Mucho menos con una niña. Las madres de las amigas de mi hija pueden quedarse tranquilas: pueden seguir confiándome a Luli, a Cata, a Mora, a Paloma, que seguiré yendo a buscarlas, que seguiré llevándolas a pasear para que jueguen y salgan con Lina, como siempre. Si hay alguna situación de seducción será con las madres (lo siento, de eso no me hago cargo), no con las hijas.

Me gustan las mujeres mayores de edad. Ni siquiera tengo especial predilección por las pendejas, como algunos amigos. No, no es eso, por favor. Juro que si fuera de otro modo lo diría porque, como dije, no creo en los pensamientos incómodos. Simplemente soy un padre enamorado. Tan enamorado que sé encontrar los límites para mis sentimientos incorrectos y sé cuándo reprimirlos. Porque amo tanto a mi hija que lo último que quiero es que sufra por amor. Al menos por el amor de su padre.

Algún día

Juro que si tuviera la certeza de que a Lina no le va a causar ningún trauma, iría más allá. Que me seguiría bañando con ella. Que la besaría más, que nos tocaríamos. Juro que si me reprimo es por amor. Y juro también que todo esto me pone muy incómodo. ¿Por qué escribir sobre este asunto? ¿Está bien poner en palabras un pensamiento incómodo sabiendo que esto puede herir a la persona que más amo en este mundo?

Escribo esto con la certeza plena de que Lina no va a leer este texto. De hecho, descarté la segunda persona porque me ponía incómodo (¿te imaginás, mi amor, si te estuviera escribiendo todo esto así, directamente a vos? No, perdoname, hermosa, pero no puedo, definitivamente no puedo).

No, Lina no va a leer esto. Al menos no por ahora. Tal vez, más adelante, cuando sea grande, no sólo pueda leerlo sino también tener una comprensión más profunda de todo este asunto, de todo este deseo incómodo, de esta explosión hormonal que siento por ella cada vez que rozo su piel.

Sólo espero que para entonces, para el momento en que Lina lea esto, ella sea madre de un nene hermoso. Me la imagino con una sonrisa, jugando con el pito de su nene de tres años, manoseándolo. Sí, claro, es un pensamiento ideal, bucólico. Un deseo. Otro más. Con una diferencia: este es un sentimiento que me deja muy cómodo, con el placer del deber cumplido. Un sentimiento que despeja definitivamente todo vestigio de pensamiento incómodo.

 

 

 

El Disenso
Pablo Marchetti – Incesto Sentido

18 Comentarios

  1. ¿Esto es lo que llaman pedofilia virtuosa?

    AGENDA GLOBALISTA, lavado de cerebro masivo, feminismo extremista, ideología de género, todos en el mismo paquete.

    Primero comienza como algo polémico que se pone sobre la mesa, luego pasa a ser cuestionable, luego se acepta conforme las generaciones van creciendo (niños manipulables que crecen con estas ideas), hasta que llega a ser normal y luego se LEGALIZA.

    ¿Alguien leyó Chocolate Caliente para el Alma? Ya Jack Canfield en ese libro relata como si nada en una de sus historias la de un papá que expresa por su hija un amor físico con un discurso muy parecido al de este señor:

    “Como terapeuta familiar, tengo una amplia formación en cuanto a las expresiones de intimidad inapropiada entre padres e hijas, sobre todo a partir de pacientes cuyas vidas quedaron destruidas debido al abuso sexual. También soy consciente de la facilidad
    con que pueden sexualizarse el cariño y la proximidad, especialmente en el caso de hombres para los cuales el campo emocional es un territorio extraño y que
    confunden cualquier expresión de afecto con una invitación sexual. Cuánto más fácil era contenerla y consolarla cuando tenía dos, tres o siete años. *******Pero ahora, su cuerpo, nuestra sociedad y mi hombría parecían conspirar contra el consuelo que le podía dar a mi hija.******** ¿Cómo podía consolarla respetando los límites necesarios entre un padre y una hija adolescente? Decidí darle un masaje en la espalda. Ella aceptó…”

    Después de darle el masaje en la espalda, termina diciendo

    “Hice una silenciosa plegaria para dar gracias porque esa vida hubiera sido puesta en mis manos y por haber sido bendecido por el milagro de tocar una parte de ella.”

    Cuando terminé de leer ese relato me dije: ¿Habré sido yo la única que se dio cuenta de que este papá está caliente con su hija?

    La píldora viene endulzada y en dosis crecientes gente. CUIDADO CON SUS HIJOS!

  2. Que quede claro que este hombre pudo expresar en un escrito sus pensamientos. Es una forma de confesion. Ningún especialista en el tema podrá decir que NO SABIAN. Y serán responsables de sus OMISIONES.

  3. No sé cómo en este siglo y con la sociedad supuestamente “desarrollada” que tenemos, permiten estos comentarios, aunque fuera de lugar, un músico puede opinar cualquier irracionalidad, pero una persona ligada al poder….es peligroso,para la hija como para el resto del pueblo, espero que alguien actúe y pronto.

  4. Pablo Marchetti si lo que querías es incomodar xq no escribir sobre meterte cosas x los distintos orificios de tu ser… Y nooo el deseo de tener sexo o manosearte con tu hija. Xq cuando ella lo lea, o se lo comente alguien la perdés para siempre.

  5. No es amor lo que siente, es calentura, pedofilia, degeneramiento de mente y alma, sin respeto por su hija, un incesto casi. Esta Esta loco deberían ir al psiquiatra todos. Junto con la tilinga de Donda!!!

  6. Qué terrible, mi primera reacción fue desearle la muerte: “desaparece homo horribilis”, ahora pienso, qué carga más terrible….doblemente atado a la tierra por la fuerza de gravedad y por el peso infinito de esas emociones…

  7. Como bien han referido otros comentaristas, la pedofilia es uno de los tantos objetivos programados por la agenda globalista. Siguiendo la tesis de la Ventana de Overton, este tema estaría en la primera etapa, que consiste en romper el tabú, al fomentar el debate al respecto. Aún no van a lograr que la opinión pública lo avale, pero ya ganan gran terreno llevándolo a la discusión.

    • Hipócritas! Entonces si no lo escribía o no lo decía a nadie (como es en todos los casos) estaba bien? Haberlo escrito y publicado es un ejercicio muy sano…o es que nadie tiene o tuvo pensamientos que rozan o superan lo prohibido o lo ético??? Caretas!!! Haberlo escrito habla muy bien de el…ni tiene nada que esconder, capaz que uds si…se expondría de esa manera si su intención fuera otra? Dejaría una mente perversa semejante declaración en su contra si quisiera cometer un acto perverso??? Entiendan ignorantes que solo es un escrito que desnuda lo más primitivo del ser humano…

  8. Obscena la nota. Sigo a Mariana y admiro mucho su trabajo. Me pueden decir como tuvieron acceso a este material? Es raro que se filtre algo tan íntimo… Otro punto raro es como Victoria no hizo nada, todavía.

  9. El escrito del esposo de donda me parece el producto de una mente perveesa como el Padrasto? De lolita y donda actua igual a la madre del personaje en cuestion. Es harto desagradable que tenga semejantes sentimientos porque aunque manifieste lo contrario de alli a la puesta dn practica, no hay casi espacio. Pobre niña, como puexe ser tan malquerida por ambos progentores.

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