La reciente sesión en el Senado de la Nación, convocada para tratar pliegos de jueces federales, expuso un complejo esquema de negociaciones parlamentarias entre el oficialismo y la oposición. Detrás de los debates en el recinto, la bancada de La Libertad Avanza terminó sacrificando el tratamiento de la Ley de Propiedad Privada y convalidando una postulación judicial que arrastraba un rechazo directo del Poder Ejecutivo, con el fin de asegurar la designación de Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti.
El pasado 30 de marzo, el Poder Ejecutivo había enviado al Senado el paquete original con las postulaciones para cubrir vacantes judiciales. Sin embargo, el mapa de acuerdos internos se había visto alterado cuando el 27 de mayo el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, solicitó formalmente a la Cámara alta el retiro del pliego de María Verónica Michelli —candidata a jueza para el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 3 de La Plata y cuñada del periodista Hugo Alconada Mon—, acatando una directiva de la Casa Rosada. La orden presidencial generó tensiones en el bloque oficialista: Patricia Bullrich rechazó la remoción del pliego y puso a disposición su renuncia a la presidencia de la bancada de La Libertad Avanza en el Senado, alegando una “objeción de conciencia” frente a la instrucción de Javier y Karina Milei.
La trastienda de la capitulación comenzó en la reunión de Labor Parlamentaria. Allí se había acordado tratar un paquete cerrado de 50 nombramientos judiciales. El criterio era claro y transparente para todos los bloques: se avanzaría estrictamente con los primeros 50 pliegos por orden de llegada.
El problema surgió al advertirse que el retoño del presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, quedaba afuera del corte. Fue en ese instante cuando se activaron los teléfonos. Para evitar un cortocircuito con la cúspide judicial, el oficialismo intentó alterar el orden de los expedientes para colar a Rosatti hijo dentro de los 50. La maniobra despertó suspicacias inmediatas: los bloques aliados se plantaron y exigieron revisar “nombre por nombre” si se tocaba el listado original.
Acorralado, el oficialismo decidió patear el tablero con una maniobra desmesurada: en lugar de un retoque quirúrgico para incorporar al candidato en disputa, redobló la apuesta y forzó la entrada en bloque de 23 pliegos más, alcanzando la nómina de 73 candidatos que revelamos en forma exclusiva en El Disenso.

Con el listado completo sobre la mesa, los senadores volvieron al recinto y la oposición leyó de inmediato la vulnerabilidad oficialista. La bancada kirchnerista se plantó en el reglamento: advirtió que en Labor solo se habían acordado 50 nombramientos y que, para incorporar los 23 restantes “sobre tablas”, el Gobierno necesitaba una mayoría agravada de dos tercios con la que no contaba.
La sesión pasó a un tenso cuarto intermedio donde se reconfiguró el tablero político. El peronismo impuso sus condiciones con pragmatismo: si el oficialismo quería salvar el pliego de Emilio Rosatti, la única vía era votar la lista completa de jueces, incluyendo el pliego de Michelli. Frente a la urgencia por destrabar los nombramientos, el oficialismo terminó cediendo.
Viendo que el Gobierno estaba completamente entregado y dispuesto a firmar cualquier cosa con tal de cumplirle a la familia judicial, la senadora Anabel Fernández Sagasti fue por más y exigió que se retirara del temario del día la Ley de Propiedad Privada.
Sin margen de maniobra y con las prioridades invertidas, el “oficialismo” agachó la cabeza y aceptó las condiciones propuestas. A fin de cuentas, también se aprobó el pliego de Ana María Cristina Juan, esposa del juez Martínez De Giorgi, quien tiene bajo su órbita la causa Libra, una de las investigaciones más sensibles para los hermanos Milei.
El resultado de la jornada muestra hasta dónde estaba dispuesto a llegar el oficialismo para cumplir con sus compromisos judiciales: entregó la Ley de Propiedad Privada y convalidó el nombramiento de Michelli a cambio del pliego de Emilio Rosatti.
El hijo del presidente del Máximo Tribunal se consagró finalmente como juez del Tribunal Federal de Juicio de Santa Fe. Llega a su despacho arrastrando el vergonzoso antecedente que revelamos en nuestro informe El hijo del Rey: el CV no autorizado de Emilio Rosatti, donde en la segunda pregunta de su evaluación personal se le consultó formalmente de qué color era su corbata.
La capitulación del Gobierno vuelve a encender las alarmas sobre los verdaderos hilos que mueven la justicia y la política en Argentina, una constante de favores y presiones cruzadas que ya desmenuzamos en Horacio Rosatti: entre Robles, sobres y escándalos. Hoy, las urgencias de la corporación judicial cotizaron más alto que las leyes del propio Gobierno.


Es vergonzoso todo esto!!¿ en que manos escandalosas estamos?